29 de enero de 2018

Sin contrato no hay negocio


Estimado lector, si bien el que escribe estas líneas no es el mejor columnista de este medio, sí es un apasionado de al menos tres de cosas que quiero compartir con ustedes. Hablo de la tecnología, la mercadotecnia y la administración, pero para no aburrir con terminología que quizá a muchos nos les interese o no les venga en gana leerlas (para eso hay libros),  aprovecharé estas líneas para compartir breves historias de como estos tres elementos (y algunos otros) pueden cambiar historias de pequeños negocios y cadenas comerciales. Así que iniciaré contándoles la importancia de un contrato de trabajo en cualquier tipo de empresa, pequeña mediana o grande, el problema es básicamente igual.

Cuando trabajé en gobierno, en una dependencia que se enfocaba en apoyar el espíritu emprendedor de la ciudadanía, cierto día un señor de aproximadamente unos 45 años, de buen porte, con un estilo muy sigiloso y educado, se apersonó en mi oficina para solicitar información sobre cómo podría echar a andar un negocio. 

Tras una breve explicación de los programas disponibles, comenzó una platica de lo más interesante, ya que tras conocer su historia, pensé: “esto le puede pasar a cualquiera que tenga un negocio o una empresa”, hecho que me motiva hoy en día a apoyar a empresarios y dueños de negocios a no caer en tan amarga situación. He aquí lo que aquel señor me contó. Por cierto, aclaro que es verídico y hace referencia a la historia de aquel hombre, aunque me he permitido cambiar algunas datos irrelevantes para no develar datos personales sin consentimiento, por aquello de la famosísima Ley de Protección de Datos en Posesión de Particulares (en otros artículos tocaré dicho tema):

Don Mario (el personaje antes mencionado), padre de tres hijos, esposo de una buena mujer, trabajador, emprendedor y buen samaritano, inició al lado de su familia un pequeño negocio de venta de “X” artículo, mismo que producía tras comprar la materia prima necesaria y confeccionarla en la cocina de su hogar y con la mano de obra de toda la familia. El producto lo inició vendiendo en las tiendas de Atlacomulco, teniendo buena aceptación en el mercado local, lo que poco a poco hizo que el negocio fuera creciendo y por ende, pasar de la cocina a la cochera, de la cochera a un tejaban de la casa, todo por que el producto ya se fabricaba en cantidades mayores y se vendía en municipios vecinos, se fabricaba entonces con el apoyo de colaboradores a quienes paga por sus servicios.

Con esfuerzo, dedicación, sacrificio y mucho entusiasmo de la familia y de varios trabajadores ya, la empresa creció a tal modo que don Mario pudo hacerse de una buena casa, instalaciones mas “ad hoc” para poder producir ahora diferentes tipos de productos y poder comercializados en el Estado de México, Michoacán, Hidalgo, la CDMX, Querétaro y recuerdo que también Tamaulipas.

Todo iba viento en popa, una confortable camioneta para viajes largos para él y un cómodo automóvil para su esposa, uno más para el resto de la familia, escuela privada de prestigio para sus hijos, con colegiaturas elevadas pero que bien valían la pena. 

Una tarde trabajando en su negocio, toca a la puerta un vecino presionado por falta de dinero y con una gran necesidad, su esposa está a escasas semanas de dar a luz a su hijo y el necesitaba dinero por los gastos venideros, Don Mario explicó en la puerta de su negocio que no tenía trabajo por el momento, sin embargo, Miguel, su vecino, insistió, argumentando la necesidad y las ganas de ayudarle en su próspero negocio, aunque fuera lavando los coches, pintando la cerca o podando el pasto. Lo que Don Mario indicara, prometiendo que no se iba a arrepentir de darle trabajo y que se lo demostraría. Por lo que Don Mario accedió y ofreció empleo a Miguel.

Con el paso del tiempo y su notable esfuerzo, se ganó la confianza de Don Mario y pasó de ser el lavacoches y jardinero, a ser quien entregaba la mercancía a diferentes clientes en la República, quien atendía teléfono y surtía embarques.  De vez en vez acompañaba a Don Mario a reuniones con algunos clientes y proveedores, hasta que una tarde, Miguel no regresó más a trabajar, había cruzado unos tragos con un viejo conocido quien se ostentó como abogado. 

Julián, el joven abogado, en aquella plática se presume que pudo aconsejar a Miguel de demandar a su patrón por falta de prestaciones, salarios caídos, pago de horas extra, condiciones laborales fuera de la ley y vacaciones no gozadas durante todo el tiempo que trabajó con Don Mario, asegurando a Miguel que por dicha demanda él se llevaría varios “milloncitos” y que Julián solo cobraría la mitad, a lo que Miguel accedió y demandó al patrón, argumentando ante la Junta de Conciliación y Arbitraje y demás instancias legales que su patrón, durante más de 10 años de trabajo (incomprobables e inexistentes) no le había pagado durante ya algunos meses, que sus jornadas eran largas y riesgosas, que no recibía atención médica básica, y demás argumentos sugeridos por Julián, claro, evidenciando dichos argumentos apócrifos con información muy bien seleccionada por Miguel para dañar a su patrón, tales como: fotografías con clientes, algunos teléfonos de contacto de proveedores y otros de clientes, etc… 

Así que la sentencia ya se la ha de estar imaginando y le aseguro que usted no querrá pasar por un asunto así. Don Mario, aquel señor respetuoso (desde mi punto de vista), se vio en la necesidad de vender sus instalaciones, y sus vehículos para sostener los gastos de su casa y las colegiaturas de sus hijos, he aquí donde radica el tema del exceso de confianza y bajeza de un empleado que no es recíproco, pues tiempo después lo vio en un auto nuevo sonriente y dichoso. Pero como dice el dicho lo que fácil llega fácil se va, y así fue, Miguel no tuvo para sostener la fugaz vida de lujo y tuvo que vender su auto usado y volver a buscar empleo.

Si es usted patrón; le sugiero haga contratos con su trabajadores y establezca criterios honestos y claros amparados ante la ley, siempre guardando evidencia que lo respalden a usted y a su empresa, y si usted es trabajador; sea honesto y sea agradecido, piense que si en estos tiempos es difícil mantener un trabajo, imagínese lo difícil que es ofrecer empleo para el sustento de otras familias. Las grandes empresas tienes empleados ejemplares y empleadores distinguidos.


¿Usted qué opina?






Este Árticulo fue publicado por:
MADN. José Escamilla Ramírez
Asesor Profesional de Negocios

josescam@ensomx.com



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